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martes, 13 de octubre de 2015

EL "YA" Y EL "TODAVÍA NO" DEL REINO


Después de un largo silencio de la voz profética, vino Juan el Bautista con un mensaje radical:
"Arrepiéntanse, porque el reino de Dios está cerca" (Mat 3:20). Jesús inició su propio ministerio con la misma proclama (Mat 4:17). Envió sus discípulos a anunciar ese mismo mensaje (Mat 10:7). Con la venida del tan esperado Mesías comienza "el siglo venidero"; con la llegada del Rey, llegó el reino.

Para Jesús el reino no sólo se ha acercado sino que ha venido ya: "Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a ustedes el reino de Dios" (Mat 12:28). "El reino de Dios está entre ustedes" (Luc 17:20-21). Con esto Jesús anuncia que el reino es ya una realidad.


Otros textos enseñan lo mismo en otros términos: "...ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que son los últimos tiempos" (1Jn 2:18, fines del primer siglo). "...[Nos] han alcanzado los fines de los siglos" (1Cor 10;11, ca. 53 d.C). ¡Desde que vino Cristo, y resucitó de los muertos, estamos en los últimos tiempos, los tiempos del reino!

Pero hay un detalle. El reino de Dios ha venido, pero el reino del mal no se ha ido. Por ahora el reino de Dios vive en tensión, contradicción y combate. No se ve mucho de la justicia y el amor  del reino. Por eso Jesús nos manda buscar primero el reino y su justicia, y por eso oramos,  "Venga tu reino [¡como si no hubiera venido ya!], hágase tu voluntad en la tierra", en nuestros países (Mat 6:10,33). Y por eso, sobre todo, Cristo volverá a traer la plenitud del reino.
Un pasaje bíblico que enfoca esta relación entre presente y futuro es Jn 5.24-29:
...el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna [tiempo presente ya] y no será juzgado [tiempo futuro] sino que ha pasado de la muerte a la vida [tiempo pasado]. Ciertamente les aseguro que ya viene la hora, y ha llegado ya [el YA del reino] en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán.

No se asombren de esto, porque viene la hora [el "todavía no" futuro, sin Ya] en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán de allí", unos para resurrección de vida y otros para resurrección de condenación.
Esa fase final del reino se inaugurará, igual que la primera fase, por una venida de Cristo a la tierra. Desde su cruz el ladrón penitente clamó, "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (Lc 23:42; cf. Mr 13:26; 14:62). "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria" juzgará a justos e injustos (Mat 25:31). La venida del reino de Dios traerá, según Lucas 17:20-22, "los días del Hijo del hombre". En su última cena Jesús declaró que no volvería a beber vino "hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre" (Mt 26:29).

Las escrituras anuncian importantes aspectos del reino de Dios que todavía no son realidad, sobre todo la resurrección del cuerpo y la vida perdurable como victoria final sobre la muerte (Jn 5:29; 1Tes 4:16). En la plenitud venidera, el reino del mundo vendrá a ser reino de nuestro Dios y de su Cristo (Ap 11:15). En la plenitud del reino no habrá dolor ni tristeza, hambre ni enfermedad, injusticia ni guerras. Las expresiones "heredar el reino" o "entrar al reino" parecen referirse, por lo menos a veces, al "todavía no" del reino de Dios, como también las expresiones "vida venidera" (1Tm 4:8), "ira venidera" (Lc 3.7) y "mundo venidero" (Heb 2:5).


En las figuras gráficas de Emil Brunner, la primera venida de Cristo sin la segunda sería como una gradería que termina en el aire, sin llegar a ningún segundo piso, o como un cheque que nunca se puede cambiar.
Según el pensamiento bíblico, Cristo mismo traerá esa fase final del reino. A nosotros no nos toca traerlo, ni tampoco "construir el reino". Lo que nos toca es ser levadura del reino para "leudar" la historia con las fuerzas del reino que vino y vendrá. Con eso no vamos a construir una sociedad perfecta que podríamos identificar como el reino de Dios en la tierra. Menos pretenciosamente, luchamos por lograr sociedades más justas e igualitarias, conforme al reino que Cristo trajo y traerá.

Conclusión: interpretación balanceada e integral del reino de Dios, sin reduccionismos. La teología tradicional redujo el evangelio casi exclusivamente a la salvación personal por la fe en Cristo. Ahora la teología comprometida está en peligro de caer en el reduccionismo opuesto, de un evangelio del reino no cristocéntrico.
Señalamos una tensión bipolar en el mismo evangelio del reino, entre el Ya del reino que vino (histórico) y el Todavía No del reino que vendrá (escatológico), entre la Venida de Jesús y su retorno. La teología tradicional priorizaba casi exclusivamente la Segunda Venida y la vida eterna futura. Ahora la teología progresista a veces, ignorando el Todavía No del reino, está en peligro de reducir el mensaje del reino a un simple programa de acción social.


Nuestra fidelidad al evangelio significa el debido equilibro entre el "ya" presente del reino y el "todavía no" de la promesa en su plenitud venidera. 


¿QUÉ PASA CON EL PÚLPITO EVANGÉLICO?


Hay una crisis de insensatez en el púlpito evangélico hoy, sobre todo en los medios de comunicación masiva.
No podemos negar que muchos siervos del Señor están exponiendo la Palabra fielmente semana tras semana, pero probablemente son minoría y poco reconocidos. Un monitoreo de la predicación en los medios de comunicación masiva (televisión, radio y videos) nos da mucho de qué preocuparnos.

Hace poco un predicador centroamericano bastante famoso predicó sobre Génesis 15:6, "Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia" (cf. Ro 4:3; Gál 3:6; Stg 2:23). Comenzó su sermón diciendo, "Esta mañana oré mucho, y pedí al Espíritu Santo revelarme la palabra precisa para explicar este texto hoy, y me dio la palabra 'derecho'". En seguida interpretó el texto como "la fe le fue contada por derecho", en el sentido moderno de ese término. Pero ¡qué raro! Difícilmente podría haber peor manera de malentender ese texto. O el Espíritu Santo se equivocó, o el predicador oyó mal la voz divina, y compartió su confusión con millones de televidentes.
Es siempre peligroso atribuir al Espíritu Santo nuestras interpretaciones del texto bíblico, para terminar culpando al Espíritu divino por nuestros errores humanos. Una vez escuché a un pastor decir, "He hablado lenguas, he profetizado, y ahora estoy pidiendo al Señor el don carismático de la exégesis". ¡No, hermano! El Espíritu da muchos dones carismáticos, pero la exégesis no es uno de ellos. El don de la exégesis viene por escudriñar las escrituras y examinarlo todo según los mejores métodos de la interpretación. En eso el Espíritu de Dios nos acompaña y nos ilumina, pero no nos desplaza como para hacer él las tareas que nos tocan a nosotros, ni mucho menos para otorgar infalibilidad divina a nuestros desvaríos.

Unos meses atrás había escuchado al antes mencionado predicador exponer la parábola de los talentos (Mat 25:14-30). ¡El punto central que sacó del texto era algo que ni siquiera aparece en el texto! "La igualdad", dijo, "de que tanto hablan los comunistas, no es un concepto bíblico. El Creador de la desigualdad es Dios, porque no da lo mismo a todos". Pero la parábola no atribuye a Dios las desigualdades de esta vida, ni hace ninguna correlación entre Dios y el amo de la parábola. La primera ley para la interpretación de parábolas es interpretarlas desde su mensaje central y no desde sus detalles aislados. Si interpretáramos de esa misma manera la parábola del mayordomo injusto, sacaríamos conclusiones nefastas. La parábola de los talentos es un llamado a la mayordomía, no una defensa de la desigualdad, un mal que condenan muchos otros pasajes de la Biblia.
Un problema serio es que en muchos lugares el púlpito se ha vuelto frívolo, para repartir como confites opiniones interesantes en vez de proclamar la Palabra de Dios. En otro sermón el mismo predicador se permitió opinar, "Noten que el corazón está a la derecha. Tal vez algunos de ustedes son de la derecha y otros de la izquierda. El corazón está a la derecha y es fuente de sabiduría. Aparte de los zurdos, hacemos todo mejor con la mano derecha". En otra ocasión dio una apología sui géneris del infierno: "

Alguien me preguntó una vez, cómo puede Dios echar afuera gente que él creó y ama? Le contesté: si su ser más querido se muere, usted no quiere guardar su cadáver dentro de la casa, porque está muerto y comienza a oler mal¼Dios tampoco quiere tener muertos en su casa". ¡Qué vergüenza pensar que sermones tan descabellados lleguen a millones de televidentes!
En algunos casos, estas aberraciones homiléticas son menos absurdas y más bien parecen ser inferencias lógicas del texto. Un ejemplo es la consigna, ampliamente difundida por el coreano Yonggi Cho, que si Cristo nos entregó las llaves a nosotros, entonces ya no las tiene él. ¡Perfectamente lógico! Lo que regalé a otros ya no me queda a mí. Puede ser lógico, pero no es bíblico. Los testigos de Jehová concluyen, muy lógicamente, que si Dios dice "tú eres mi hijo, hoy te he engendrado", entonces antes el Hijo no existía.

Para hacer tal inferencia lógica, tienen que hacer caso omiso al contexto, del trasfondo de la frase en Salmo 2 y de muchos detalles más, muy importantes para la exégesis. En general, los heréticos son muy lógicos, pero nada bíblicos. No toda inferencia lógica del texto es fiel al sentido de él y al mensaje que el Espíritu Santo inspiró.
No hace mucho otro predicador hizo una exégesis muy lógica de Hechos 2:17, "derramaré mi Espíritu sobre toda carne". Pues bien, los animales también son carne, por lo que podemos entender que Dios promete derramar su Espíritu sobre nuestro ganado y mascotas, y debemos orar por la sanidad divina de ellos. Es perfectamente lógico -- pero lamentablemente, no tiene nada que ver con el sentido del texto. Los impíos e incrédulos son carne también, Hitler y Somoza y Pinochet eran "carne". Así entendido, el Pentecostés no significaría nada.


Es curioso que en esta nueva ola homilética, que es claramente anti-intelectual, hay un prurito irresistible de aclararnos "el sentido del griego (o hebreo) original". Los autores bíblicos se sorprenderían mucho al descubrir lo que ellos querían decir "en la versión original".
El más común de estos abusos consiste en apelar a etimologías fantasiosas, como "sin-cera" para "sincero" o "dinamita" para dúnamis, que son puros inventos que nada tienen que ver con el mensaje original del texto. Toda la especulación sobre la supuesta diferencia entre "Rhema" y "Logos" carece de base confiable en la semántica de texto original. Son incontables las "maravillas" que estos predicadores pretenden sacar de los idiomas originales, que sólo dejan evidente que ellos no conocen esos idiomas y que las más de las veces han sacado sus maravillas no del texto original sino de comentarios en el inglés. Su uso de palabras griegas muestra que no las entienden gramaticalmente, por ejemplo cuando el "Apóstol" Maldonado trata palabras como neanískos y bréfos como si fueran plurales, sólo porque terminan en la letra "ese".
Constantemente se equivocan con el acento de las palabras, como cuando dicen "metanóia" en vez de metánoia. "dinámis" en vez de dìnamis, "parabásis" en vez de parábasis, "anóthen" en vez de ánwthen. 
No es necesario, para nada, ni en general bueno, que los predicadores aludan al hebreo y el griego. Pero si lo van a hacer, por lo menos que lo hagan responsable mente, con el debido conocimiento del idioma.
Debe preocuparnos también el alto nivel de manipulación en la predicación hoy. No es inocente estar preguntando frecuentemente, "¿Cuántos dicen Amén?", para inducir un consenso forzado. Produce un proceso de corto circuito en el pensamiento del oyente. Es curiosa la invariable pregunta, "¿Cuántos están felices esta  tarde?". "¿Cuántos dan gloria a Dios?", siempre "¿cuántos?", como si se tratara de una encuesta de opinión popular.

Aun peor es la fiebre ahora de "Repitan conmigo" con cualquier cosa, para controlar lo que han de decir y pensar los oyentes. Recién escuché a un predicador decir, "Digan todos conmigo, Ay, Ay, Ay". Estoy esperando escuchar cualquier día que un predicador salga con "Repitan después de mí, ¡Wow!".
Para terminar con una nota jocosa, a veces son simpáticos los lapsos de los predicadores. No hace tanto un predicador muy dado a los exabruptos piadosos exclamó, para defender los gritos en el culto, "Cuando Saprissa mete un gol, gritan en todo el barrio, Alabado sea Dios".


Otro sermón terminó con la oración, "Enséñanos tus enseñanzas, valga la redundancia, Señor". Hace unos años escuché a un locutor exclamar, "Que Dios te bendiga a ti y a toda tu esposa". ¡Amén, hermano! Bueno, podría pasarle a cualquiera. Errare humanum est.






LOS AVAROS NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS

¿Qué es la avaricia? Para San Pablo, no sólo bloquea la entrada al reino de Dios, sino que está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia.
Cada cultura tiene su propia escala de valores y antivalores. En algunas épocas de la historia de Israel, para muchos judíos guardar el sábado tenía una prioridad destacada, de la máxima gravedad. Por ejemplo, para ellos la fornicación era pecado, sin duda, pero aún peor era el pecado de irrespetar el sábado. También era pecado grave comer cerdo o sentarse en la mesa con gentiles incircuncisos.
Es obvio que nuestra cultura contemporánea concentra sus valoraciones fuertemente en lo sexual, hasta lo obsesivo. Para las personas seculares ("mundanos", para emplear el término bíblico), el placer sexual parece ser la meta prioritaria de la existencia humana, y una vida de orgasmos sísmicos se considera la summum bonum de todos los valores en la vida.
Nuestra cultura está obsesionada con el sexo. Muchos cristianos, por su parte, también están obsesionados con el sexo y reflejan esta misma concentración pansexista, pero invertida. Para ellos los pecados sexuales son los más graves, a veces los únicos pecados que les preocupan (junto con la borrachera, en un segundo lugar). Un empresario puede explotar a sus empleados pagándoles sueldos de miseria, pero asiste a la iglesia, ofrenda y no "cae en pecado" (¿cómo que "cae"? ya está en pecado), es un buen cristiano, toma la Santa Cena y a lo mejor puede ser anciano o diácono de la congregación.
El presidente de un país "cristiano" puede mentir descaradamente para justificar así matanzas sangrientas, pero si pertenece a una iglesia, reproduce el discurso religioso y no causa escándalos sexuales, sigue siendo "hermano" en la fe. Se nos olvida muy fácilmente que según el Nuevo Testamento los pecadores sexuales y los borrachos no son los únicos que "no heredarán el reino de Dios". Entre los diez grupos de 1 Cor 6:9-10 van incluido los idólatras (¿los hay en nuestras iglesias?), los avaros (¡Los hay, y muchos!), ladrones, estafadores y calumniadores (¡de todos ellos tenemos!). Gal 5:19-21, en su lista de 15 pecados que cierran las puertas del reino, añade brujería, odio, discordia, celo, ira, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidia "y otras cosas parecidas".
Entre los seis pecados que según Efes 5:4-6 excluyen del reino de Dios van incluidos la avaricia, necedades y chistes groseros. La larga lista de 21 pecados vergonzosos en Rom 1:24-31 incluye avaricia, envidia, engaño, chismes y "toda clase de maldad". Se ve que eran muy rigurosas las exigencias de la comunidad cristiana. ¿Quién de nosotros no sería culpable de por lo menos una o dos de estas ofensas? Lo que más sorprende en estas listas es la frecuente inclusión de la avaricia, en los mismos términos que la de la borrachera y los pecados sexuales. Si esos pecados escandalosos excluyen del reino de Dios, entonces también la avaricia, en los idénticos términos, excluye de reino de Dios. De hecho en las doce listas de vicios en los escritos paulinos, la avaricia aparece más frecuentemente que la borrachera.
Y es más, en dos de las listas San Pablo agrega una frase sumamente grave, cuando escribe "la avaricia, la cual es idolatría" (Ef 5:5; Col 3:5), el más condenable de todos los pecados. 


¿Puede algún cristiano o cristiana negar que la avaricia es pecado? La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras pero de mucho peso, como "Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas".

El Diccionario Cuyás, un poco más sucinto, lo define como "un apego desordenado a las riquezas". De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. La más común, "pleonexia", se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de "pleon" ("más") y el verbo "ejw" ("tener"). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como "un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen¼ " (Louw-Nida I:291-2).
La avaricia es un deseo insaciable; cuánto más posee, más desea. Otro término para la avaricia es "filarguros", que significa "amor al dinero"; podríamos decir que son "dinerófilos", "enamorados del dinero" (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2).
Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es "la raíz de toda clase de maldad". La avaricia -esta pasión cuasi-erótica por el dinero y por las cosas- muy fácilmente conduce a la idolatría (Isa 2.7-8; Mt 6:24). La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. Cree que posee sus bienes, pero pronto es poseído por ellos. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo, porque ahora está sirviendo a otro dios. "Dios sabe muy bien", escribió Orígenes, "qué es lo que uno ama con todo su corazón y alma y fuerza; eso para él es su Dios".
Que cada uno de nosotros se examine ahora, y silenciosamente en su propio corazón decida cuál es la llama de amor que principalmente y sobre todo está encendida dentro de su ser". La avaricia es relativamente fácil de definir, pero muy difícil de identificar. Rarísimas veces alguien va a decir, "yo reconozco que soy avaro". Hace poco un amigo me hablaba de un pastor que mostraba muchos síntomas de "prosperidaditis aguditis", pero el amigo aclaró que "él no es avaro, lo que pasa es que le gustan las cosas lujosas". Es muy fácil racionalizar la avaricia y justificar la acumulación y los lujos.
Parece que sólo la voz del Espíritu Santo en el corazón del rico le podrá convencer de su avaricia.[10] Por eso dice San Pablo, hablando del papel de la ley como revelación de Dios, "tampoco hubiera conocido la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás" (Rom 7:7)."
Para San Pablo, la avaricia no sólo bloquea la entrada al reino de Dios, sino está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia (1Tm 3:3,8; Tito 1:7). En el caso de pecados visibles y escandalosos, como borrachera o adulterio, la situación hubiera sido evidente y relativamente fácil de identificar, pero sospecho que fue muy difícil de aplicar esta restricción en el caso de la avaricia. ¿Quién decide si alguien es avaro o no, con cuáles criterios? ¿En qué punto la prosperidad legítima se convierte en avaricia? En el fondo se trata de una actitud del corazón, de criterios relativos y poco precisos. ¿Cómo habría funcionado eso en el proceso de escogencia de los líderes congregacionales en los tiempos de San Pablo?
Me cuesta imaginar que algún rico, al ser considerado para el liderazgo, hubiera dicho, "Me disculpan, hermanos y hermanas, pero no puedo ocupar ningún puesto porque soy avaro, lo tengo que reconocer". ¡Más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja!! Me imagino más bien que otra persona, a lo mejor un líder de la congregación, tendría que señalar al avaro con su dedo y confrontar, como Natán ante David, este pecado en la comunidad.


"Lo siento mucho, hermano, y me da mucha pena, pero usted no puede ocupar ninguna carga en la iglesia de nuestro Señor, porque usted es un avaro." Me imagino la respuesta: "¿Quién es un avaro? ¡¡¡Yo no!!!" Todos tenemos que hacernos la pregunta, ¿Qué clase de mayordomo soy de los bienes que mi Señor me ha confiado? Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón. Ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno. (Sal 139:23-24)

 

¡UN CAOS EXEGÉTICO ESTÁ INVADIENDO LA IGLESIA!
CRECE CONFUSIÓN SOBRE CRITERIOS DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA


La iglesia vive por la palabra que la alimenta y que ella proclama. Nunca puede ser más saludable de lo que está su interpretación bíblica. Eso requiere en todos y todas un discernimiento crítico y un saludable "sospechómetro" ante toda enseñanza. En eso, nuestra consigna y nuestro imperativo es el mandamiento bíblico de "examinarlo todo" (1Tes 5:21), "para ver si estas cosas son así" (Hch 17:11).
Siempre ha habido interpretaciones especulativas, especialmente en la exégesis del Apocalipsis. Pero en años recientes la interpretación tendenciosa se ha extendido como un cáncer a casi toda la temática bíblica. Las especulaciones más estrafalarias se transmiten, con la autoridad de la radio, la televisión y las redes sociales, a muchos millones de personas. Algunas revistas protestantes publican sin crítica artículos que tergiversan las escrituras. Prestigiosas casas editoras, antes más cuidadosas de la seriedad de sus publicaciones, publican libros que son más propaganda que exégesis. Y aun los evangélicos cultos parecen estar un poco anestesiados para quedar insensibles a las evidencias de exégesis dudosa.

La exégesis es la ciencia histórica que busca la interpretación más probable de un texto. Los métodos básicos fueron desarrollados por los humanistas del siglo quince y adoptados y aplicados por los reformadores protestantes. La exégesis requiere una empatía grande con el contexto original del texto mismo con su propia agenda, semántica etc. Cumplida esa tarea exegética, sigue la tarea de "releer" ese mensaje antiguo para el nuevo contexto nuestro hoy. Esas relecturas deben ser fieles al previo trabajo exegético pero no deben repetirlo mecánicamente, a espaldas del nuevo contexto histórico.
A continuación propongo resumir algunos problemas exegéticos que ilustran estos principios en algunos de los muchos campos de interpretación:

(1) El creacionismo: a primera vista parece que este movimiento está defendiendo la verdad bíblica de la creación, pero de hecho defiende una interpretación específica de Génesis 1: la literal, a espaldas del contexto pre-científico de todas 
las referencias bíblicas al tema. Tratar a Génesis 1 como una refutación anticipada a Darwin es un anacronismo anti-exegético. Si los creacionistas se preocuparan por la exégesis del texto bíblico, en su contexto original, harían una relectura muy distinta de su significado para hoy.


 (2) Apocalipsis: el Apocalipsis ha sido el manicomio exegético de la interpretación bíblica. "Todo ojo lo verá" (Ap 1:7) se interpreta como una profecía de la televisión; ¡los camarógrafos estarán esperando para convertir la venida de Cristo en noticia mundial instantánea! El "666" por su parte será un tatuaje enviado desde una computadora por medio de una máquina laser. Todo eso y más, aunque el texto no da el más mínimo indicio de tales aparatos modernos, y ni Juan ni sus lectores conocían la energía eléctrica.
Me contaron que una vez un predicador demostró matemáticamente que las letras de "Adolfo Hitler" sumaban 666 y que entonces el Führer alemán era el Anticristo. Un amigo nuestro, presente en el público, calculó rápidamente que por los mismos métodos el nombre del predicador daba también 666.

(3) Exégesis ideológicamente tendenciosa: Por más de un siglo los dispensacionalistas han interpretado "Gog y Magog" (Apoc 20:8) como una referencia a Rusia. Sin razones exegéticas convincentes, y a pesar de fuertes evidencias en contra, eruditos ingleses los interpretaban en términos del conflicto entre el imperio británico y el imperio zarista de Rusia. Era inevitable que durante la guerra fría del siglo XX la misma interpretación falsa de Gog y Magog alimentara el anti-comunismo en los EUA y en amplios sectores conservadores de América Latina.

(4) Doctrinas novedosas: Muchos predicadores hoy pretenden haber descubierto verdades nuevas, como la teología de la prosperidad, los neo-apóstoles, las maldiciones generacionales y mucho más. Proclaman sus doctrinas con textos de prueba, sin análisis exegético y sin tomar en cuenta las evidencias en contra. Insisten en que Efesios 4:11 señala cinco ministerios cuando el texto griego (reflejado en la puntuación en las versiones castellanas) prueba claramente que "pastor-maestro" es un solo ministerio. Inventan unas distinciones entre dos palabras griegas ("logos" y "rhema") que en el griego son sinónimos intercambiables, para fundamentar unas doctrinas realmente aberrantes.
En general, estos predicadores y sus seguidores menosprecian, o hasta rechazan, el análisis racional del significado original del texto. Un texto favorito es "no se preocupen por lo que han de decir o cómo han de decirlo, porque cuando les llegue el momento de hablar, Dios les dará las palabras" por el Espíritu (Mateo 10:16-20).

El argumento no toma en cuenta que todo el pasaje tiene que ver con la crisis de ser arrestado, no con la interpretación bíblica ni la preparación de sermones. La irracionalidad no es lo mismo que la espiritualidad.
La iglesia necesita una mejor orientación hermenéutica. Un profesor de un seminario suramericano me dijo, "Yo no interpreto, yo solo leo", sin darse cuenta de que leer es interpretar.

(5) Homosexualidad: Este tema excita fuertes pasiones, en pro y en contra, que dificulta tremendamente la buena exégesis de los textos pertinentes. En la exégesis anti-homosexual, con sólo emplear el término moderno "homosexualidad", como fenómeno que conocemos hoy, a menudo interpreta los textos bíblicos en el contexto moderno y no el del texto original. A menudo interpretan con mucha parcialidad el relato de Sodoma, hasta emplear el término "sodomita", que en toda la Biblia significa solo "habitante de Sodoma" sin ningún sentido sexual. Algunos interpretan Daniel 11:37, "no hará caso del amor de las mujeres" (RVR) como una denuncia, hasta una profecía, de la homosexualidad. Pero el contexto no es el sexo sino el culto y el sujeto es un rey (¿Antíoco Epífanes?) que "no tomará en cuenta...al dios que adoran las mujeres" (NVI; BP).
Al otro lado del debate, distinguidos biblistas también han hecho propuestas exegéticamente dudosas. El esfuerzo básico consiste en limitar la denuncia bíblica solo a casos de incesto, pederastia, esclavitud o injusticia y opresión (adikía). Su mayor desafío ahora es proponer una relectura fiel y convincente para nuestro tiempo.
Conclusión: Con este breve resumen concluyo una serie de artículos en que intento realizar un "análisis exegético" de los escritos analizados, para ver si sus interpretaciones representan la explicación más probable y mejor fundamentada de los textos bíblicos en su original contexto histórico. En ningún momento se trataba de la homosexualidad como tal sino de la mejor interpretación de los textos bíblicos, de cómo esos autores antiguos entendían el tema en su propio contexto histórico y social.
Estoy cada día más convencido de que la exégesis es una ciencia histórica, con sus propios métodos y reglas, en busca de la interpretación más probable de un texto escrito. Creo que la iglesia está en una crisis exegética en que tanto simples creyentes como también importantes líderes carecen de métodos y criterios para evaluar con discernimiento las diversas ofertas exegéticas. Sobra mencionar la jungla de interpretaciones especulativas y tendenciosas del Apocalipsis, pero el fenómeno se va generalizando en los púlpitos y en las cátedras académicas.

Un gran signo de esperanza ha sido el surgimiento de una comunidad exegética con un despertar de la exégesis evangélica (F.F. Bruce, Gordon Fee y muchos).